Reflexiones

Entre terapia y terapia algunas veces surgen reflexiones, la mayoría se me diluyen en el tiempo, con otras hago el esfuerzo de cristalizarlas en papel. Estas son algunas de ellas...


jueves, 9 de junio de 2016

¿Cómo son las terapias?

Es una pregunta que me plantean con frecuencia, que está influida por nuestro contexto social y cargada de deseos y expectativas personales.

Acudimos al médico o al abogado con la idea de que serán ellos, los expertos que harán algo por nosotros, que darán fin a nuestros problemas. Tomamos una actitud pasiva, paciente, inconsciente, confiada y esperanzada que nos lleva por ejemplo a tomar fármacos con verdadera fe.

No estamos entrenados para ser responsables de nuestra propia vida. Cuando somos pequeños son nuestros padres los responsables y cuando somos mayores hacemos responsable a papá Estado o acudimos al Padre Nuestro que está en los cielos para que nos saque de los apuros en los que nos metemos por nuestra mala cabeza. Huimos de las responsabilidades y obligaciones, incluso de las que fueron establecidas para nuestro propio bien y esa huida se convierte en parte del problema.

No pensamos que seamos responsables de nuestro bienestar, no escuchamos los consejos de la medicina preventiva, confiamos en que los automatismos de nuestra salud, de nuestra biología van a funcionar siempre pese a todo, que es como esperar que si a un motor en lugar de combustible le ponemos arena, va a seguir funcionando.

Acudir al psicólogo es de los últimos pasos en la búsqueda de soluciones para nuestra salud, y esto sucede por el profundo rechazo que tenemos a la posibilidad de que lo malo que nos pueda estar pasando tenga algo que ver con nosotros; es como con los constipados, los tenemos nosotros, pero son otros los que nos los han pegado.

Sabemos que cualquier “verdad” que trate de ser impuesta, será automáticamente rechazada, que cuando una persona busca soluciones ha de partir de un entorno que le permita sentirse seguro y aceptado, y que la formación de ese espacio básico parte de ser escuchado con una escucha activa, que tiene por objeto el despertar de la consciencia sobre la propia vida, sobre las propias vivencias.

La consciencia ilumina el inconsciente y pone a la vista los recursos disponibles para comprender la solución de los problemas.

En este proceso psicoterapéutico hay teorías con sus técnicas a usar según sean las distintas “dolencias” o personas que consultan. Todas persiguen un objetivo común: aliviar a la persona de su dolencia psíquica mediante un cambio de conciencia sobre lo que le sucede.

Pero ese cambio no se puede implantar desde fuera como si fuera una prótesis, sucede tras un descubrimiento íntimo, un insight, y un reposicionamiento con respecto al mundo. Suele llevar consigo el establecimiento de un nuevo orden personal.

Todos somos conservadores por naturaleza, lo primero que quiere la vida es perpetuase, y después mejorar. Hay una lucha constante entre la inercia a permanecer en lo conocido y el deseo de cambio; el equilibrio ha de ser dinámico, en movimiento, como el de las bicicletas.

Cuando nos dicen que tenemos que cambiar, la primera reacción es la huida, por eso no es una buena estrategia presentar la psicoterapia como un proceso de cambio, que lo es, sino como un proceso de descubrimiento, que puede ser más atractivo, despertar curiosidad y ser menos amenazador.

Si después del descubrimiento se cambia o no, eso ya es otra cuestión, cada cual decide según sus circunstancias. La psicoterapia se esfuerza en aportar claridad sobre lo que decide.


Al abordar la problemática que presenta el consultante, resulta fundamental la persona del psicólogo, pues en última instancia él mismo se convierte en una herramienta que ha de estar afinada en sensibilidad, capacidad de percepción, de comprensión, de integración y de creatividad. Su atención ha de tener el foco sobre el paciente y también sobre sí mismo, sobre lo que ocurre en la relación terapéutica y su evolución.


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